Por Mariano Muñoz*
¿Qué universitario es capaz de aguantar toda una mañana de clases sin empacarse, entre clases, por lo menos una memela o una quesadilla? ¿Qué estudiante no aprovecha la suspensión de alguna clase para irse –en bolita, claro- a los expendios urbanos de comida que pululan afuera de las universidades? Pero la cuestión más cañona es ¿Acaso existen universitarios que no puedan sobrevivir un día con 35 pesos en la bolsa?…
Si no encuentras muchas respuestas, no te preocupes. Lo que sucede es que los universitarios son, por naturaleza, extremadamente urbanos y territoriales. Claro que hay quienes prefieren gastar –porque pueden- el dinerito de sus papis en las cafeterías de las propias universidades, pero la mayoría, te lo digo por experiencia, prefiere la calle. Y quizá por eso, resulta absolutamente normal observar cómo, en las inmediaciones de cada universidad en Puebla, sea del estrato que sea, se ha desarrollado una especie de corredor gastronómico que alterna y depende de las actividades universitarias, con una variedad de precios y alimentos que satisface prácticamente todos los gustos y todas las necesidades.
Y para muestra, hay muchos botones. Cualquier estudiante de la Ibero sabe, por ejemplo, lo delicioso que resulta enchilarse con una bolsa de papas fritas del famosísimo Ruso, quien estaciona uno de sus carritos mero frente a la entrada de la universidad. Pero no es la única opción. Cada mañana, los tacos de Lalo no se dan abasto para satisfacer la presurosa demanda de sus enormes tacos de diversos guisados –con 2 tortillas, por supuesto- con tanta guarnición que con uno tienes para todo el día. Claro que como en toda buena universidad, también existen a su alrededor varias memelerías, torterías y para los más sedientos y aplicados en la materia, hasta una clamatería conocida precisamente como La Clamatería.
Enfrente de la UPAEP, la cafetería de Pina, es toda una tradición heredada de los Vera. Claro que tiene que competir, como todos, contra el changarro conocido como “el del portón negro”, o los tacos de Melia o los de Rugers, e incluso contra el establecimiento llamado apropiadamente Alerombo (palabreja tomada de la porra oficial) y contra todos los puestos ambulantes de tacos de canasta, papas fritas, jícamas y un largo etcétera. Ora que los que disponen de más tiempo pueden lanzarse hasta las carnitas de Los Arcos o la Tacoteca, conocida casi mundialmente por sus famosas quesadillas de choriqueso.
La BUAP no tiene parangón. Sería muy difícil determinar quien goza de las preferencias universitarias, porque literalmente encuentras de todo, sobre todo en los rumbos de CU. Tacos en todas sus modalidades, tortas de todos los estilos, memeleras de todas las pintas. La Tía Pancha, es el botanero por excelencia en la zona, con constante afluencia universitaria. Pero la BUAP es enorme y frente a Medicina, en la 13 sur, los carritos de tamales son parte del escenario. Tamales jarochos, tamales con una pieza de pollo entera, de raja, de salsa verde, de mole y de dulce, con torta o sin ella y atoles de varios sabores son parte del refrigerio que ayuda a los universitarios a aprender mejor el funcionamiento del cuerpo humano en las aulas. Y unos pasos más allá, los tacos de la camioneta o las tortas de 30 centímetros en la 29 poniente. Los expertos recomiendan probar las de salchicha, porque dicen, les ponen casi un paquete entero.
Y aunque en la UDLA pareciera difícil encontrar algo así, la realidad es que a sus espaldas, sobre Camino Real, existe toda una feria urbana. Desde el carrito de hotdogs y hamburguesas de “El Pareja” o los de Sushi, hasta “Los Combinados” donde puedes disfrutar jugos de todas las clases que se te ocurran. Obviamente también puedes ir a al botanero el Chipilín, a La Clamatería, la Playa, el Tiquis, la Matiné o el Bambucos que tienen la muy clara misión de mitigar la perpetua sed universitaria. Ya de plano si la quieres seguir, puedes ir al Unit –cuyo dueño estudió en la UDLA- y encontrar cualquier cantidad de “udleños” como peces en el agua.
Pero hay más. ¿Qué alumno de la Universidad del Valle de Puebla no ha probado los jugos del carrito de Don Toño? ¿O las tortas y los tacos árabes de Doña Faby? Eso sí, afuera de la institución, no falta la bicicleta con tacos de canasta “del joven” o el carrito de las cemitas de surtido.
También dicen que es más fácil encontrar a un alumno de la Escuela Libre de Derecho en los mariscos del Paisa, en las tortas de las “cochinonas” o hasta en los menjules de la Ópera –y no de Versalles- que en su salón de clases… no es cierto, es broma. Todos ahí aprenden, abrazan la abogacía en cuerpo y alma. ¿O no?
Incluso hay quien asegura que no existe la persona que conozca a la Universidad Cuauhtémoc y al mismo tiempo desconozca los prestigiados tacos de Roger, de milanesa, de adobo, de chile relleno, de pata, con sus típicos chilitos serranos fritos con sal.
Pero también en las universidades, digamos de fundación más reciente, se truenan chicharrones. Afuera de las flamantes instalaciones de la Universidad del Valle de México (UVM), los clamatos –sin alcohol, aclaran- del carrito conocido como Clamato World despiertan al alumno más somnoliento. La Universidad para el Desarrollo (UDES) tiene a las memelas y quesadillas “de la esquina”, exactamente a 20 pasos de su puerta de entrada. Los alumnos del Instituto Universitario Puebla (IUP) no le fallan a los tacos y memelas de Doña Adelita o a Don Santiago, conocido más por su carrito de papas fritas que por su apellido. Vaya, se dice que hasta los profesores de la Universidad de América Latina (UDAL), cuando el Chelís distrae a su rector(algo muy frecuente), se les ha visto bajo el techo de plástico azul de la señora de las memelas que se planta frente al Oratorio de Don Bosco. La Universidad Interamericana tiene a tiro de gol de campo la célebre “Escondida” para restaurarse con cemitas o tacos de barbacoa que incluyen un suculento consomé. Pero es que literalmente, las decenas de universidades que se ubican en las inmediaciones del Paseo Bravo no tienen problema alguno. El CEUNI, la UNIVER, o la Universidad Palafoxiana (UNIPAL), por mencionar sólo algunas, tienen en su entorno tantas opciones para empacarse algo, como alternativas existen para inscribirse en alguna de ellas.
Pero también existe un mercado, un poco más formal, para las cafeterías que operan al interior de las propias universidades. Algunas se esfuerzan por emular la informalidad de la calle. Otras se distinguen por la calidad y limpieza de su servicio. Por ejemplo, las cafeterías de la UDLA no le piden nada a un Vips. O la de la UVP con su promoción de tortas de a 1 kilo –si, un kilo- con bebida incluida, por 40 pesos. Mención aparte merece lo que puedes comer dentro de la Ibero. Los carritos de “comida sana”, además de ser rentables, ayudan a comunidades marginadas con la venta de sus productos. Incluso sus alumnos de ingeniería, tienen un proyecto llamado Hidroponia, con el cual ofrecen, hasta en las oficinas, ensaladas preparadas con materia prima de sus cultivos, con la intención de financiar sus proyectos de estudio e investigación.
La realidad es que las cafeterías propias de las universidades también cumplen un propósito social. Aunque generalmente son usadas para hacer tareas de última hora, organizar grupos de trabajo y demás (por “demás” entiéndase platicar, conocer gente y hasta ligar), muchos de los universitarios, de casi todas las universidades, ocupan ese espacio para navegar por la web con sus computadoras portátiles y, cuando el momento lo permite, juegan dominó. Mucho dominó. Por eso dicen que un buen estratega de la mula de seis, necesariamente tiene antecedentes universitarios.
Todo esto, forma parte de la jungla de nuestras vidas, de la realidad urbana de las universidades y los universitarios poblanos. De su Urban Way of Life. Quizá por eso, para el suplemento del ranking de universidades del próximo año, sea necesario que los altos mandos de Milenio y e-consulta consideren incluir un apartado de investigación sobre las universidades con mejores “servicios periféricos de restauración urbana”. Porque a final de cuentas, eso también cuenta. Pero sobre todo, resulta delicioso…
*Mariano Muñoz es el productor y conductor del programa La Jungla de Mariano, la revista internetosa más rancia de Puebla, con transmisión de video blogs urbanos producidos de manera independiente, honesta y total a través de su propio canal en www.youtube.com/lajunglademariano